
Es una de las situaciones más duras a las que se puede enfrentar una familia, y también una de las más delicadas de tratar. El olor a descomposición que queda en una vivienda tras un fallecimiento es intenso, penetrante y muy persistente. En DESOLOR411 lo abordamos con rigor técnico y con el máximo respeto, y aquí explicamos, con sobriedad, cómo se afronta.
Ante un olor así, hacen falta técnica y respeto a partes iguales.
Por qué este olor es tan persistente
La descomposición libera una mezcla de compuestos orgánicos volátiles muy potentes que impregnan con rapidez todo lo poroso del entorno: suelos, paredes, textiles, mobiliario. En poco tiempo penetran en profundidad, y por eso el olor resiste la ventilación y la limpieza superficial. Es un olor que la memoria asocia a un momento muy difícil, lo que hace aún más importante eliminarlo por completo y no solo atenuarlo, para que la vivienda pueda recuperarse de verdad.
Es un olor que se mete en todo y que conviene borrar del todo.
Primero la limpieza, después el olor
Conviene distinguir dos trabajos. La limpieza y desinfección de los restos y fluidos es una tarea específica que realiza personal especializado en ese tipo de intervención. Nosotros nos centramos en lo que suele quedar después: el olor residual, que persiste aunque la limpieza se haya hecho. Cuando hace falta, nos coordinamos con quien realiza esa limpieza y actuamos a continuación, para que la secuencia sea correcta y el resultado, completo.
Una cosa es limpiar los restos y otra, borrar el olor que dejan.
Ozono e hidroxilo para el olor residual
Para el olor de descomposición, la oxidación es la vía más eficaz. El ozono, en concentración adecuada y con la vivienda vacía, descompone las moléculas responsables en todos los rincones. En algunos casos se emplean también radicales hidroxilo. El tratamiento se repite si es necesario y se acompaña del sellado de superficies muy impregnadas, hasta que no queda rastro. Todo con las condiciones de seguridad y ventilación que el ozono exige.
La oxidación llega donde el olor se ha escondido, rincón a rincón.
Discreción absoluta
En una situación así, la discreción no es un extra. Trabajamos con vehículos y equipos discretos, acordamos horarios y accesos y evitamos exponer la situación ante los vecinos. Todo lo que conocemos del caso es confidencial. Sabemos por lo que está pasando la familia y actuamos sin morbo, con el respeto que el momento merece, ocupándonos de un problema práctico para que ellos puedan centrarse en lo demás.
Nadie del edificio tiene por qué saber lo que ha ocurrido.
Recuperar la vivienda
El objetivo es devolver la vivienda a un estado en el que se pueda volver a habitar, alquilar o vender, sin que el olor la marque. Tras el tratamiento verificamos que ha desaparecido por completo, porque en un caso así un resultado a medias no vale. Si la familia necesita orientación sobre los pasos siguientes, la ayudamos en lo que está en nuestra mano, siempre con la misma discreción.
Que la casa vuelva a ser habitable es el final que buscamos.
La rapidez ayuda, pero hay solución aunque pase tiempo
Cuanto antes se actúe, menos habrá penetrado el olor y más sencillo será eliminarlo. Pero entendemos que, en estas circunstancias, la familia no siempre puede moverse deprisa: hay trámites, duelo y decisiones que tomar. Por eso queremos transmitir tranquilidad en un punto: aunque haya pasado tiempo y el olor esté muy asentado, tiene solución. Requerirá quizá más de una intervención y sellado, pero la vivienda se recupera. No hay que precipitarse ni tampoco dar el caso por perdido.
Ni hay que correr angustiado ni dar la vivienda por perdida.
La secuencia correcta con la limpieza
El orden importa. Primero se realiza la limpieza y desinfección de los restos, un trabajo especializado; después se trata el olor residual, que es lo nuestro. Hacerlo al revés no tiene sentido, porque una limpieza posterior reintroduciría humedad y materia. Cuando la familia nos contacta, ayudamos a ordenar los pasos y, si hace falta, nos coordinamos con quien realiza esa limpieza, para que la secuencia sea correcta y no haya que repetir trabajo ni gasto.
Primero la limpieza especializada; después, el olor. En ese orden.
Quién asume este servicio
Conviene saberlo de antemano: en España, este tipo de intervención no suele estar cubierta por los seguros del hogar, y en la práctica la asume la familia o la propiedad. Por eso damos una valoración clara antes de actuar, sin cifras a ciegas y sin aprovechar el momento. Preferimos que sepas exactamente qué incluye el tratamiento del olor y qué no, para que puedas decidir con la información delante, en un momento que ya es bastante difícil de por sí.
Es un gasto que suele asumir la familia; por eso lo decimos claro.